Alimentación · conocimiento · territorio

Condiciones para habitar: alimentos heredados del mundo prehispánico

Habitar de manera continuada el Valle de Aburrá exigió conocer sus ciclos de lluvia, sus suelos, sus plantas y sus aguas. Esta sección explora dos preguntas complementarias: cómo la intervención humana transformó plantas a lo largo de generaciones y cómo pudieron combinarse distintas fuentes de proteína.

Recreación naturalista con IA de plantas y mazorcas de maíz
Reconstrucción comparativa de un perro americano y representaciones cerámicas
Una distinción necesaria. Las ilustraciones de alimentos funcionan como ejemplos de la herencia vegetal americana y de su presencia actual. No todas esas especies han sido identificadas, hasta ahora, en el registro paleobotánico del Valle de Aburrá. En las páginas siguientes se diferencia expresamente entre ejemplo, evidencia local e hipótesis.
Recreación naturalista con IA de plantas y mazorcas de maíz

Plantas

Selección, cultivo y memoria

Polen, almidones, semillas carbonizadas y suelos intervenidos permiten reconstruir una historia local de ñame, maíz, fríjol, palmas, aguacate, yuca, quinua y amaranto, con distintos grados de certeza.

Ver plantas y evidencias
Perro americano descrito en la crónica y reproducciones cerámicas comparativas

Animales y aguas

La continua búsqueda de proteína

Las crónicas registran curíes, fríjoles y perros llamados «mudos» en el siglo XVI. La arqueología comparada y los inventarios de peces permiten formular preguntas sobre convivencia, captura y alimentación sin convertir posibilidades en pruebas locales.

Recursos animales

Una economía del conocimiento

La alimentación no fue una lista de productos aislados. Implicó observar temporadas, conservar semillas, intervenir la reproducción de plantas, preparar suelos, fabricar herramientas, criar o capturar animales y sostener redes de intercambio. El registro arqueológico conserva sólo fragmentos de esa cadena y debe leerse sin convertir cada indicio en una certeza total.