«hasta mil» y «hasta tres mil»
El narrador estima dos concentraciones sucesivas en combate. Sugieren capacidad de convocatoria y resistencia. No deben sumarse: pudieron participar las mismas personas, y las cantidades no proceden de un censo.
Recursos animales
Una población sedentaria necesita una provisión predecible de energía y nutrientes durante todo el año. Los fríjoles aportan proteína vegetal, pero la pesca, la captura y la cría de animales pequeños pudieron complementar una dieta cambiante. La pregunta arqueológica es cómo demostrarlo para cada lugar y momento.

Habitar de forma permanente el Valle de Aburrá exigía articular cultivos, reservas y acceso a distintos ambientes. El maíz y los fríjoles aportaban proteína vegetal; los curíes y, según la interpretación del Proyecto AD, parte de los perros mencionados por Sardella ampliaban las posibilidades alimentarias. La crónica de 1541 describe provisiones abundantes, pero no permite calcular la contribución de cada alimento a la dieta.20, 166
Los registros modernos permiten reconocer otros animales que habitan o han sido documentados en el territorio: guacharacas, pavas, tinamúes, armadillos, ñeques y dos especies diferentes de guagua, además de peces de ríos y quebradas. El fototrampeo del Área Metropolitana y el Instituto Humboldt, los estudios de Envigado y los inventarios acuáticos ofrecen una base verificable para investigar esas posibilidades. Su presencia durante los muestreos no demuestra por sí sola captura o consumo prehispánico.167, 168, 169
La pesca conecta esta diversidad con memorias más cercanas. El testimonio familiar de sabaletas llevadas a casa hacia 1988, desde el tramo del actual Parque de las Aguas, sitúa una práctica doméstica en el río Aburrá. Las fuentes científicas del Porce aportan el contexto biológico, con un alcance regional que debe precisarse en cada caso.170 Para comprender cuánto sostuvieron estos recursos a las poblaciones antiguas hacen falta restos animales fechados, datos de abundancia, estacionalidad y análisis de la dieta. Leer el testimonio y sus referencias.
Una hipótesis histórica · Aburrá, 1541
La lectura que sostiene el Proyecto AD es que al menos parte de los perros descritos por Sardella estaba destinada al consumo. El argumento principal está en el relato: aparecen junto al maíz, los fríjoles y los curíes, dentro de una enumeración de alimentos abundantes.

Después de describir el combate y las armas indígenas, Sardella explica por qué Robledo trasladó su campamento al poblado: atender a los heridos y disponer de comida. A continuación enumera las provisiones encontradas en los bohíos y cierra con los perros. Esa continuidad temática favorece entenderlos como parte de los recursos alimentarios, más allá de su mera presencia doméstica.20
«Como los mensajeros que Gerónimo Tejelo envió llegaron donde el Capitán estaba y le dieron mandado de lo que había sucedido, se partió luego con todo el real para allá, por amor de los heridos y porque allí había comida de maíz para más de dos meses, y se aposentó en él, donde en los bohíos, sin lo que en el campo estaba, se halló mucha infinidad de comida, así de maíz como de frisoles, que casi son como alverjas, y muchos curíes, que son como conejos, salvo que son más chiquitos, que tienen muy lindo comer, y muchos perros medianos como los de Castilla, salvo que son mudos.»
La frase «que tienen muy lindo comer» se refiere de manera inmediata a los curíes; no equivale a una afirmación expresa de que se comieron perros. Sin embargo, no anula el valor de la enumeración conjunta. La hipótesis alimentaria tiene fundamento textual, aunque la crónica no describe el sacrificio, la preparación o el consumo de esos perros. Si ese uso se confirma, la presencia de muchos ejemplares sería compatible con su crianza como reserva de carne; el engorde intencional es una posibilidad adicional, no una práctica descrita por Sardella.
La hipótesis propone que un comportamiento poco ladrador pudo resultar deseable para mantener perros en espacios domésticos y criar animales destinados a la alimentación. El ladrido tiene utilidad para alertar y en algunas formas de caza, pero no es indispensable para toda actividad cinegética: Oviedo describe perros indígenas usados para cazar y, a la vez, caracterizados como mudos.176 Por eso, el silencio no permite asignarles una función exclusiva ni demuestra selección deliberada. «Mudos» registra la apreciación de los europeos; no resuelve si aquellos perros eran incapaces de ladrar o vocalizaban poco.
Los perros lampiños actuales de México y Perú ofrecen una referencia visual para imaginar una de las posibilidades. La hipótesis plantea que la ausencia de pelo pudo ser conveniente para la preparación culinaria y, por ello, deseable en la crianza. Para Aburrá esa preferencia aún no está documentada. Tampoco el consumo exigía animales lampiños: Oviedo registra perros americanos con distintos pelajes y, al describir su preparación alimentaria en Nicaragua, menciona la retirada del pelo.176 El museo peruano recuerda, además, que el perro sin pelo fue solo una de las formas caninas prehispánicas.177
La imagen reúne ambas posibilidades sin identificar una raza local. La historia genética de los perros americanos muestra cambios profundos tras la colonización, de modo que las poblaciones actuales no son un retrato directo de las descritas en 1541.178 El uso alimentario pudo coexistir con compañía, caza o funciones ceremoniales; los contextos andinos también muestran relaciones diversas entre perros y personas.179
Las expresiones «comida de maíz para más de dos meses» y «mucha infinidad de comida», sumadas a los fríjoles, curíes y recursos del campo, constituyen indicios de disponibilidad alimentaria y capacidad de almacenamiento. Permiten defender una base material favorable al bienestar alimentario en el momento descrito: una comunidad capaz de producir, reunir y conservar provisiones. Dentro de esa economía, criar perros para consumo resulta una hipótesis coherente.
La abundancia que encuentra una expedición invasora no informa por sí sola cómo se distribuían los alimentos entre las familias, cuánto duraban las reservas en otras estaciones o cuál era el estado de salud de toda la población. El bienestar alimentario es aquí una interpretación acotada de esa disponibilidad, no un diagnóstico general. La llegada de tropas y la apropiación de provisiones pudieron alterar precisamente las condiciones que el relato permite entrever.
Leída en conjunto, la crónica aporta tres indicios demográficos que complementan la hipótesis alimentaria:20
El narrador estima dos concentraciones sucesivas en combate. Sugieren capacidad de convocatoria y resistencia. No deben sumarse: pudieron participar las mismas personas, y las cantidades no proceden de un censo.
La ocupación de un poblado y la llegada de gente de pueblos vecinos apuntan a un territorio habitado por varias comunidades y con relaciones entre asentamientos. No permiten calcular densidad por kilómetro cuadrado.
Las provisiones y la permanencia de la expedición son compatibles con una capacidad productiva importante. Los veinte infantes y doce jinetes corresponden a la avanzada de Tejelo, no al conjunto del real de Robledo.
La conclusión defendible es que el episodio describe una población asentada, articulada con comunidades vecinas y dotada de recursos para sostenerse y movilizar gente. La abundancia de perros encaja en esa economía doméstica y refuerza el interés de estudiar su aprovechamiento alimentario. El texto no permite fijar una población total ni una tasa de crecimiento. Faltan el número de hogares, el tamaño completo de la expedición, las raciones y la proporción de habitantes movilizados.
El final del relato registra persecución, cautiverio y episodios de suicidio. Son evidencias de una ruptura violenta de la vida local, pero no bastan para cuantificar su impacto demográfico. Las explicaciones religiosas o el miedo a las barbas atribuido a los indígenas pertenecen al marco narrativo colonial y no deben adoptarse como una explicación suficiente de esas muertes.
La relación de Juan Bautista Sardella sobre la entrada de los conquistadores al valle menciona maíz, fríjoles y “muchos curíes”.20 Es una evidencia histórica directa para el siglo XVI, pero no debe proyectarse automáticamente, sin contextos arqueológicos, sobre todos los milenios anteriores.


Bosques y laderas del valle
Los registros modernos permiten reconocer animales que pudieron formar parte del horizonte alimentario de las comunidades. Esta selección reúne presencia documentada en el Valle de Aburrá, referencias de uso alimentario y especies candidatas para investigar. Cada ficha distingue lo comprobado de las preguntas abiertas. Cuando la información procede de otra región, se indica expresamente.
El registro por parte del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, realizado con el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, documenta 3.568 registros de 82 especies mediante 65 cámaras instaladas en los diez municipios entre diciembre de 2021 y octubre de 2023. El conjunto de datos se publicó en su versión 1.1 en 2024. Las ubicaciones se seleccionaron a partir de reportes previos de fauna; este muestreo no permite deducir la abundancia de cada especie.167



Patagioenas fasciata
Presencia en el fototrampeo metropolitano publicado en 2024.167 El diagnóstico de 2014 documenta su relación alimentaria con Santa Elena.182
El uso local se atribuye a una comunicación personal de A. Castaño recogida en ese documento; no equivale a un censo reciente.

Nothocercus julius
Fototrampeo de Envigado, 2022; guía del SILAP de 2023, tabla 3.168
Amplía la indagación sobre aves terrestres. La fuente acredita presencia, no consumo prehispánico local.

Crypturellus soui
Listado regional reproducido por Muñetón Jácome (ITM, 2023), anexo 1, a partir de la guía fotográfica del valle.183
Es una referencia bibliográfica regional, sin fecha de observación individual; pertenece a la familia de los tinamúes.

Odontophorus hyperythrus
Cámaras trampa en Envigado, 2022; tabla 3 de la guía de 2023.168
Es una perdiz de la familia Odontophoridae; se distingue de los tinamúes. Se añade como candidata para contrastar la hipótesis alimentaria.




Cuniculus taczanowskii
Registrada por fototrampeo en el SILAP de Envigado en 2022.168
Corantioquia señala la caza por su carne entre las presiones sobre esta especie.186
Pelaje oscuro, largo y denso; cuerpo robusto, cola diminuta y manchas claras en hileras laterales. Referente: guía del Parque Nacional Cajas, p. 139.187

Cuniculus paca
Incluida en el fototrampeo metropolitano publicado en 2024, con registros del conjunto hasta 2023.167
Es una especie distinta de Cuniculus taczanowskii, la guagua de montaña ya ilustrada. No deben fundirse sus registros bajo un solo nombre común.
Pelo más corto, pardo rojizo, manchas blancas en hileras y ancas elevadas. Referente: guía CITES de CONABIO, p. 363-364.188



Syntheosciurus granatensis
Presente en el fototrampeo del Valle de Aburrá publicado en 2024.167
Se conserva el nombre usado por ese inventario; otras fuentes la citan como Sciurus granatensis. Su posible aprovechamiento alimentario local queda por contrastar.
El río y sus afluentes
Los inventarios de la cuenca y el Convenio BIO aportan registros de peces nativos. La investigación sobre servicios ecosistémicos del Porce ayuda a examinar su posible relación con la alimentación, sin convertir todo pez capturable en una especie de consumo demostrado.169, 189, 190
Las ilustraciones se revisaron con fotografías, láminas y descripciones identificadas en las fuentes citadas. Son recreaciones con IA: ayudan a comparar formas, pero no sustituyen una identificación taxonómica. Los nombres del POMCA se conservan como fueron registrados; las incertidumbres se indican en cada ficha.






Bryconamericus caucanus
Captura registrada en la caracterización de la cuenca del Aburrá (POMCA, 2016), tabla 458, p. 1388.169
Cuerpo plateado alargado, base caudal amarillenta y mancha oscura central. La revisión conserva estos rasgos generales; no valida conteos de escamas o radios. Referente: guía del Porce, p. 32.170

Hyphessobrycon inconstans
Captura registrada en la caracterización de la cuenca del Aburrá (POMCA, 2016), tabla 458, p. 1388.169
Forma revisada con la figura 4 de la descripción original de 1907: cuerpo alto, aleta anal larga y mancha caudal que no continúa sobre los radios medios. El color es interpretativo: la fuente es una lámina monocroma, no una fotografía de un ejemplar local.192
El nombre se conserva según el POMCA. El catálogo taxonómico señala incertidumbre sobre la procedencia tipo y la distribución; conviene revisar los ejemplares del inventario.193

Caquetaia umbrifera
Captura registrada en la caracterización de la cuenca del Aburrá (POMCA, 2016), tabla 458, p. 1388.169
El POMCA la presenta con el nombre Kronoheros umbrifer.

Andinoacara latifrons
Captura registrada en la caracterización de la cuenca del Aburrá (POMCA, 2016), tabla 458, p. 1388.169

Identificación pendiente
Trichomycterus medellinensis
Nombre de Posada (1909), incorporado a la actualización del listado colombiano de 2020.195 La nota de EPM de 2023 lo menciona entre los hallazgos del Convenio BIO.190
Sin embargo, la guía de campo de 2025 del Grupo de Ictiología y sus colaboradores identifica al bagrecito ilustrado como Trichomycterus caliensis (figura 17). Esta diferencia exige revisar el registro; no permite considerar ambos nombres sinónimos.194
Ilustración específica pendiente. No se encontró una imagen con identificación verificable de T. medellinensis. Se retiró la recreación genérica para evitar atribuirle la apariencia de otra especie.
Una especie, varias memorias del agua

Brycon henni
La guía de peces del cañón del Porce de EPM y la Universidad de Antioquia registra esta especie en el río, quebradas y embalses del área estudiada. Es evidencia regional, cuyo alcance no debe trasladarse automáticamente a cada tramo del Aburrá.170
Para el norte del río Aburrá sí existe una referencia explícita. En febrero de 2014, El Colombiano recogió la afirmación de Víctor Vélez Bedoya, coordinador de Fauna Silvestre del Área Metropolitana, sobre sabaletas antes del tramo denominado Porce. El artículo no identifica una quebrada ni un punto de muestreo de Barbosa.196
Se revisaron la proporción de la cabeza, la mancha opercular, el rojo sobre el ojo y la pigmentación central de la cola. Consultar el referente ilustrado, p. 38.
Memoria familiar · hacia 1988
Mi padre y mi abuelo pescaban en el río Aburrá cuando yo tenía unos ocho años y llevaban sabaletas a la casa.
El participante sitúa este recuerdo hacia 1988, en el tramo del río a la altura del actual Parque de las Aguas. Testimonio familiar comunicado al Proyecto AD el 7 de octubre de 2026; redacción normalizada a partir de sus mensajes y precisiones.
Es una memoria oral situada de pesca doméstica. «Sabaleta» es el nombre recordado: no se conservan aquí ejemplares o fotografías para comprobar su identificación biológica. La fecha corresponde a la experiencia narrada, no a una observación de pesca en 2026.
El video Pesca de Sabaleta y su conservación, publicado por ImportaExpertos el 13 de julio de 2021, presenta una conversación con Juan Diego Monsalve. Entre 42:51 y 43:17 se aborda la pesca de sabaleta cerca de Medellín.197 La revisión se hizo sobre la transcripción automática, que contiene errores en los nombres de lugares; sin verificar el audio no se atribuye ese pasaje a un afluente concreto de Barbosa.
Visita Concepción recoge información de pesca local y menciona la sabaleta en el sistema del Porce. La referencia a la vía hacia Barbosa aparece en el pie de una imagen de Uvita; no establece por sí sola un registro en un afluente del Aburrá en Barbosa. Se conserva como contexto de divulgación local, separado de las fuentes de identificación científica.198
En «Ecología de los caribes» (1995), Priscilla Burcher de Uribe relaciona la disponibilidad de peces con el tamaño y la distribución de los asentamientos. En la página 92 sostiene que la presión sobre los recursos favorecía la separación de los poblados y vincula la guerra con el abastecimiento de proteínas. Retomando a Daniel Gross, utiliza una necesidad media de 50 gramos diarios y afirma que «no puede haber poblados de más de dos mil personas» entre grupos dependientes de la pesca. Su planteamiento invita a preguntar cómo se alimentaban las poblaciones; sus cifras y explicaciones requieren contrastes específicos.199
La consulta FAO/OMS/UNU establece para adultos sanos un nivel seguro de ingesta de 0,83 gramos de proteína por kilogramo de peso al día: aproximadamente 50 gramos para una persona de 60 kilogramos. Es una referencia destinada a cubrir las necesidades de casi todos los adultos sanos, no un mínimo idéntico para cada individuo. La edad, el peso, el embarazo o la lactancia modifican los requerimientos.200 La OMS reconoce fuentes animales y vegetales y recuerda que también importan la digestibilidad y la calidad de la proteína.201
Cincuenta gramos de proteína no equivalen a cincuenta gramos de carne, ni tienen que proceder íntegramente del pescado. Como ejercicio hipotético, 2.000 personas a 50 gramos sumarían 100 kilogramos diarios de proteína total. Si la mitad procediera de otros alimentos, al pescado le corresponderían 50 kilogramos de proteína. Este cálculo ilustra la importancia de conocer la dieta: no representa una población real de Aburrá ni permite convertir la necesidad nutricional en kilómetros de río sin medir las capturas sostenibles, las pérdidas y la parte comestible.
La sobreexplotación puede reducir los recursos disponibles. Sin embargo, de ese riesgo no se deduce un máximo universal de habitantes por poblado. La productividad del ambiente, la estacionalidad, las técnicas de captura, la conservación, el intercambio y las reglas de acceso cambian el abastecimiento posible. Una extensa llanura inundable y una quebrada andina no ofrecen necesariamente los mismos recursos por kilómetro. Además, el tamaño de una aldea, la población de una región y la densidad por superficie son medidas diferentes.
Una investigación arqueológica publicada en 2024 documenta canales y estanques de captura en Crooked Tree, Belice. Sus autores calculan un abastecimiento anual para unas 3.700 a más de 25.000 personas, según distintos rendimientos, suponiendo un consumo de 40 kilogramos de pescado por persona al año y el funcionamiento simultáneo de las instalaciones. Son estimaciones, no un censo; tampoco representan toda la proteína necesaria. El estudio no demuestra un poblado único de ese tamaño, pero cuestiona una capacidad pesquera fija e independiente de la tecnología y del paisaje.202
También existe comprobación contemporánea del efecto del manejo: un estudio de 83 lagos amazónicos encontró promedios de unos 305 pirarucús en lagos protegidos por comunidades, frente a nueve en lagos de acceso abierto. Son cantidades de peces, no de personas alimentadas, pero muestran que la organización del aprovechamiento puede modificar sustancialmente la disponibilidad.203 Por eso, tampoco es suficiente atribuir la guerra o el canibalismo a la necesidad de proteínas: esa explicación requiere evidencia independiente para cada sociedad.
Sardella describe «comida de maíz para más de dos meses» y «mucha infinidad de comida», y enumera fríjoles, curíes y perros. El pasaje respalda una disponibilidad considerable de alimentos almacenados en el momento de la conquista; no mide las raciones ni el aporte nutricional de cada uno.20 El maíz y los fríjoles aportan ambos proteína y sus perfiles de aminoácidos se complementan, como recoge la FAO. En cantidades suficientes y con una dieta que cubra las necesidades de energía, esa combinación puede contribuir de forma importante al abastecimiento proteico.166
Los curíes constituían otra fuente alimentaria mencionada expresamente por el cronista. El Proyecto AD defiende que al menos parte de los perros también se destinaba al consumo, por su inclusión en la enumeración de provisiones. Es una hipótesis con apoyo textual, aunque Sardella no relata su preparación ni consumo. La pesca pudo complementar esa dieta, pero el pasaje no la menciona y las especies hoy registradas en la cuenca no permiten calcular cuánto pescado se consumía en 1541. No conocemos qué proporción de proteína procedía de cada recurso, ni con qué frecuencia se comían animales.
La hipótesis más sólida es la de una economía alimentaria diversificada, capaz de reunir reservas y combinar proteína vegetal y animal. Esto hace plausible el sostenimiento de comunidades estables y la movilización de habitantes de varios poblados. La abundancia descrita por Sardella constituye un indicio favorable de bienestar alimentario, pero no demuestra que cada persona recibiera 50 gramos diarios de proteína durante todo el año ni permite calcular la población del valle. Para contrastarlo hacen falta datos locales sobre producción, almacenamiento, restos de plantas y animales, dieta y salud. La pregunta que conserva valor de Burcher es cómo se equilibraban recursos y habitantes; para Aburrá, responderla exige estudiar el conjunto de la alimentación y su distribución, sin imponer de antemano el techo de 2.000 personas.
Formato Vancouver: números por primera aparición en esta página. Bibliografía general del Proyecto AD.